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Ahogados en plástico

No es un barquito de papel navegando las aguas del río Paraguay, son botellas de plástico, bolsas, pajitas, envases flotando en las veras de la Bahía de Asunción, que dan un aspecto de vertedero a tan importante recurso natural, sacándole la poesía a las puestas de sol en esa zona de la capital.

Lo preocupante de esta situación es que, por dar un ejemplo, una pila tiene la capacidad de contaminar 3000 litros de agua, esa misma que llega a las casas del país. En el mundo, cada año, 8 millones de toneladas terminan en el océano, matando la vida marina, creando enormes islas de plástico, incluso ingresando a nuestros cuerpos a través de los peces que consumimos.

Mike Kunz, hizo un recorrido por estos lugares para mostrar de cerca, esta lamentable realidad paraguaya y en ese pasar, habló con distintos actores sociales.

La contaminación de recursos hídricos en el país tiene que ver con la mala disposición de la basura, la falta de leyes y sistemas para la reutilización de residuos.

En algunas zonas de la Costanera de Asunción, se encuentran instalados los “barrios bajos”, entre ellos el de Ricardo Brugada, más conocido como la Chacarita. En su entorno, se acumula, mucha basura que proviene de toda la ciudad, eventualmente la basura cae al agua, más con las lluvias y raudales y luego, el agua del río es consumida por los lugareños.

WWF es una de las organizaciones que trabajan en concienciar sobre los efectos del uso del plástico, cuyo impacto, cada día más, se está notando no solo a nivel local sino global.

Óscar Rodas, director de WWF, mostró un relleno sanitario irregular en una de las costas del río, donde llegan camiones con escombros y carritos con desechos. “Están depositando residuos de todo tipo. Estamos siendo testigos de cómo la basura mal gestionada termina en nuestro ecosistema perjudicando los medios de vida de los pescadores, como los que estamos viendo acá, perjudicando nuestra diversidad biológica y perjudicando al resto de la ciudadanía porque los peces, van a llevar el plástico y la contaminación a los humanos”, resaltó.

Un paseo hasta la “isla de basura”

Ani Sisul, wakeboard en Paraguay, condujo una lancha hasta un muelle privado, sitio donde se puede observar el vertedero de Cateura, en lo que es una montaña de basura. “Lo más curioso de esto es que está al borde mismo del río Paraguay”, enfatizó.

Los desechos se acumulan en una zona por varias razones: por la subida y la bajada del río, porque no existe una buena gestión de residuos, entonces tampoco hay un control de dónde verdaderamente va la basura.

Ante la consulta, de cómo se siente al saber que está entrenando en una zona tan contaminada, respondió que intenta no pensar tanto y busca convencerse de que el agua del río corre, pero en el fondo, sabe lo grave del caso. “Trato de no tragar agua, es la situación en la que me toca entrenar, pero yo sé que es agua sucia. Repercute en mi salud, un montón de veces me enfermé”, reconoció.

En ese contexto, mostró las bolsas que cuelgan de la copa de los árboles y explicó que el olor nauseabundo que se percibe en esa zona, es el lixiviado líquido, que sale de la descomposición de la basura. Subrayó que el fluido es bastante tóxico y hasta tiene la capacidad de contaminar las capas freáticas de la superficie.

¿Qué se está haciendo al respecto?

Alejandro Berger, presidente de Parley (una empresa que busca concienciar sobre el uso del plástico), dijo que el trabajo que están haciendo se enfoca en demostrar a marcas líderes mundiales que es mejor invertir ese dinero en actividades que protejan el medioambiente, no que lo destruyan.

Explicó que la estrategia de trabajo se basa en tres puntos cruciales: evitar todo lo que se pueda los plásticos de uso único; interceptar, sacar el plástico que está ahí en el medio ambiente y reutilizar, es decir, prever qué se va a hacer con lo que se junta, lo cual consiste en crear productos que realmente la gente use. De esa manera, se cierra el círculo.

Oscar Rodas, manifestó que en el caso de Paraguay estamos siendo rebasados por la situación. “Somos testigos de que no somos capaces de gestionar. Tenemos una ley de residuos que le da la responsabilidad a los municipios y al Ministerio del Ambiente para gestionar, pero estamos viendo cómo finalmente en nuestros países, en vías de desarrollo, terminan en la naturaleza”, puntualizó.

En ese punto, hizo mención de la ley 5414 del año 2015, que busca eliminar paulatinamente las bolsas de polietileno –a las que popularmente en nuestro país le decimos “hule”– de los supermercados, pero dio a entender que esta normativa no se cumple o no es efectiva, porque estos residuos siguen apareciendo en abundancia en los cúmulos de basura.

“También las pajitas, que son hechas de poliéster, son todos polímeros, son plásticos derivados del petróleo. Para producir una tonelada de plástico, tenemos que contaminar la atmósfera con una tonelada de petróleo. Imaginate que estas 100 millones de toneladas están contaminando nuestros ambientes naturales”, reflexionó.

“Reducir el uso de estos materiales que tan poco tiempo permanecen en nuestro poder tiene que ser una de las tareas principales, porque la naturaleza no está preparada para lidiar con este problema”, remarcó.

Por su parte, David Fariña, director de Recursos Hídricos del Mades, apuntó a que es algo cultural la disposición final de los residuos “de las personas que depositan su basura en la calle, en los arroyos, primero porque tiene esa falta de conciencia, de educación y segundo porque las instituciones que tienen que reprimir y sancionar a estas personas, no son muy fuertes para estas personas. A nivel de Asunción, Paraguay, el Ministerio del Ambiente, las medidas que se están llevando a cabo es una fiscalización y monitoreo”, expresó.

Esta situación deja en evidencia la necesidad de implementar políticas públicas efectivas para la disposición final de los residuos que están destruyendo los recursos naturales con que cuenta el Paraguay.

Vivir en medio de la basura

Familias enteras viven en precarias condiciones y literalmente, en medio de la basura. Los recicladores, conocidos como gancheros, son quienes día a día se encargan de separar los desechos que la capital produce para que se les pueda dar algún uso. Son un eje clave de la cadena de reciclaje.

Estas personas trabajan de manera indigna e insalubre para tratar de ganarse el pan de cada día. Justamente en setiembre de 2020 cuando se registró un gran incendio en Cateura, fueron quienes sin pensar en el peligro corrieron al vertedero para tratar de rescatar algunas bolsas.

El desafío para la sociedad paraguaya consiste en separar su basura para dar una vida más digna a estas personas que viven en medio de la basura y, un respiro al medio ambiente. La responsabilidad del Estado, está en generar leyes más prácticas para la disposición de residuos y que las autoridades se encarguen de sancionar firmemente a quienes las incumplan.

¿Cuál será el futuro próximo si seguimos utilizando y desechando toneladas de plástico? ¿Si no hacemos algo por revertir la contaminación? ¿Realmente podremos tener un país habitable]?  O ¿Terminaremos sumergidos en el plástico?

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