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“Todas las mujeres en Paraguay conocemos a alguien que abortó”

El aborto legal y seguro es el pedido de varias organizaciones que trabajan por los Derechos Humanos y Derechos de la Mujer. En este material hablamos de las alarmantes cifras de aborto y muertes maternas en nuestro país. Lilian Soto, política y activista feminista, recuerda que esta realidad existe y que ya no se puede negar, pese a la resistencia férrea de grupos antiderechos. Además apunta a que su ilegalidad, configura un problema de salud pública y autonomía.

Existen pocos debaten que dividan a las sociedad, el aborto y su despenalización es una de ellas. En medio de un continente en el que varios países ya han tomado la decisión de abordar este tema con enfoque de salud pública, dejando de lado el factor punitivo en la discusión, Paraguay aun se muestra incómodo ante la presión que ejercen movimientos de mujeres a debatir el tema.

Un poco más de 30.000 mujeres abortan en Paraguay cada año, si se analizan las cifras por complicaciones, según el estudio “Cálculo de la magnitud del aborto inducido en Paraguay de 2017”, investigación que fue realizada por Conacyt, ProCiencia y Cepep.

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Además, el aborto inseguro figuró como la primera causa relacionada con muertes maternas, según el informe publicado en la Revista de Salud Pública del Paraguay, que abarca desde 2008 a 2018.

Ante esta situación, movimientos ciudadanos encabezados por iglesias, impiden la instalación de foros de discusión serios sobre esta realidad que compromete la vida de miles de mujeres, todos los años. El incremento de la agresividad de estos discursos que impide que mujeres accedan a derechos fundamentales que el Estado debe brindar, es notorio y peligroso, advierten activistas.

El aborto en la ley paraguaya

El Código Penal de 1997 establece que el aborto es un delito, con restricciones que se asemejaban entonces a la de otros países de la región. Luego de 11 años, con la Ley 3440 de 2008, el Código Penal Paraguayo admite el aborto en un caso particular.

Se abre la posibilidad de practicar abortos terapéuticos sin que ello constituya un delito, al señalar que el aborto está permitido si “según los conocimientos y las experiencias del arte médico, fuera necesario para proteger de un peligro serio la vida de la madre”.

Quiénes abortan

Durante la realización del material “Cálculo de la Magnitud del Aborto Inducido en Paraguay (2017), se consultó a los entrevistados en el marco del estudio, sobre algunas características sociodemográficas de aquellas mujeres que aparentemente recurren a realizarse un aborto.

“Según la percepción de los entrevistados, el aborto inducido es frecuente en las mujeres jóvenes menores a 25 años de edad, comprendido en el rango de 15 a 25 años de edad. El 78 % de los entrevistados respondió que es más frecuente que las mujeres solteras o sin una pareja estable recurran a un aborto inducido. Mientras que un 18% refirió que son las mujeres que se encuentran casadas o unidas”, aclara el informe.

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Una realidad que ya no podemos negar

Lilian Soto, médica, política y activista feminista del Paraguay, hizo énfasis en las cifras existentes sobre el aborto en Paraguay y lo que esto significa en cuanto a subregistros. Resaltó que, según datos, alrededor de 8000 egresos de mujeres por complicaciones de aborto, es decir, realizados en condiciones inseguras.

“Eso significa que tenemos un mínimo de 30.000 abortos al año y pueden ser muchos más, pueden ser el doble, porque esos son los datos de aquello que se hace constar en las historias clínicas y hay muchos que no se hacen constar”, afirmó.

En ese punto remarcó la existencia del subregistro en este caso, porque no todo el personal de salud hace constar esto, por diferentes razones.

“Si hay una cifra de esas características, todas las mujeres en Paraguay conocemos a alguien que abortó. Podemos haber abortado o tenemos algún tipo de contacto con mujeres que están pasando por esta situación, entonces era una realidad que no se puede desconocer”, puntualizó.

Una cuestión ético-moral

Ante la consulta de qué respondería a las personas que consideran el aborto como matar a un bebé, respondió que prefiere no entrar en esa discusión, porque aseguró que eso tiene más relación con la concepción ético moral religiosa de cada persona.

“Lo que acá está en juego es si sobre la concepción ético moral religiosa de una mujer, pueden decidir otros o puede decidir ella misma. Porque estamos hablando del cuerpo de las mujeres con capacidad de gestar y de parir”, puntualizó.

Agregó que es la mujer quien tiene que poder decidir sobre su propio cuerpo, si quiere llevar o no a término ese embarazo.

La necesidad de una ley que legalice el aborto

La Dra. Soto manifestó que se requiere con urgencia instalar un debate serio para legislar esta cuestión. “Necesitamos una ley que reconozca las posibilidades del aborto legal, de acuerdo a causales, de acuerdo al tiempo y de acuerdo a los elementos necesarios para que esos abortos sean seguros”, afirmó.

“Este debate tiene que darse, en mi opinión desde los medios, desde las discusiones en las comunidades, las reuniones, las formaciones, y eso estamos haciendo”, subrayó.

Agregó que este es un problema de salud pública, pero además, un problema de autonomía de la mujer. Porque, señaló que es la mujer quien tiene la capacidad de gestar, parir y a partir de ahí tiene que tener la capacidad de decir, si quiere llevar o no a término un embarazo.

Por otra parte, habló del caso de las niñas, y en ese punto, indicó que se está haciendo referencia al abuso, violaciones y violencia contra esas niñas. “Ahí estamos hablando (actualmente) de una obligación de parir a esas niñas, que no pueden tomar la decisión”, aseveró.

Unas exigencias históricas

El Centro de Documentación y Estudios (CDE), una organización no gubernamental dedicada a la documentación, investigación e información en el campo de las ciencias sociales, emitió un comunicado con exigencias históricas, ante la agresividad fundamentalista.

  • Basta de sostener una sociedad para el abuso sexual de niños, niñas y adolescentes.

Al impedir el acceso al aborto, se obliga a las niñas paraguayas a maternidades que son consecuencia de la violencia, que truncan proyectos de vida autónomos, así como los procedimientos inseguros y riesgosos.

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  • Son niñas, no madres.

Las mujeres que abortan en condiciones inseguras y riesgosas son principalmente las más pobres quienes enfrentan a la muerte a consecuencias de salud o una persecución judicial por razones injustas.

  • Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir.

Despenalizar el aborto no obliga a nadie a abortar, sin embargo, criminalizarlo afecta los derechos de todas las mujeres.

  • Las mujeres decidimos, la sociedad respeta, el Estado garantiza y las iglesias no intervienen

La ley que despenalice el aborto será por la vida, mientras que su penalización es violencia hacia las mujeres y, principalmente hacia las mujeres pobres.

Finalmente, cabe señalar, que entre las deudas históricas de Paraguay en cuanto a Derechos Humanos, según el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, se encuentra la despenalización del aborto.